Statement of Bishop Gregory J. Hartmayer re: Supreme Court ruling on Marriage


June 26, 2015

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Each U.S. Supreme Court decision that has ever been rendered has resulted in deep disappointment for some and vindication for others. If we all agreed on the outcomes of divisive cases, there would be no reason for the Court ever to convene. This most recent decision is no different.

By the same token, every court decision is limited in what it can achieve; again this one is no exception. This decision does not change the biological differences between male and female human beings or the requirements for the generation of human life which still demands the participation of both. It does not change the Catholic Church’s teaching regarding the Sacrament of Matrimony, which beautifully joins a man and a woman in a loving union that is permanent in commitment and open to God’s blessings of precious new life.

The Catholic Church will always maintain that marriage is a vocation of a man and a woman to faithfully commit themselves, through sacred vows, to a life shared until death which pledges them to complement one another in their development as husband and wife and to be co-creators with God in the procreation of human life.

This decision of the Supreme Court is primarily a declaration of civil rights and not a redefinition of marriage as the Church teaches.

However, this judgment does not dispense either those who may approve or disapprove of this decision from the obligations of civility toward one another. Nor is it a license for more venomous language or vile behavior against those whose opinions differ from our own.

This Court action is a decision that confers a civil entitlement to some people who could not claim it before. It does not resolve the moral debate that preceded it and will most certainly continue in its wake.

The moral debate however must also include the way that we treat one another – especially those with whom we may disagree. We are all God’s children and are commanded to love one another. In many respects that moral question is at least as consequential and weighty as is the granting of this civil entitlement.

This decision has offered all of us an opportunity to continue the vitally important dialogue of human encounter especially between those of diametrically differing opinions regarding its outcome.

This decision has made my task as bishop more complex as I continue to uphold the teachings of my Church on the Sacrament of Matrimony and the equal transcendent dignity of every human person.


Declaración del Obispo Gregory J. Hartmayer
ref: Sentencia del Tribunal Supremo sobre el Matrimonio

 
26 de junio de 2015

Cada decisión que la Corte Suprema de los Estados Unidos ha dictado alguna vez, ha tenido como resultado una profunda decepción para algunos, y reivindicación para otros. Si todos estuviéramos de acuerdo con los resultados de estos casos discrepantes, no habría razón alguna para que el Tribunal se reuniera. Esta última decisión no es diferente.
 
De la misma manera, cada decisión de la corte está limitada en lo que puede lograr; y nuevamente, esta no es una excepción. Esta decisión no cambia las diferencias biológicas entre hombres y mujeres o los requisitos para la procreación de la vida humana, la cual requiere todavía la participación de ambos. No cambia las enseñanzas de la iglesia Católica sobre el Sacramento del Matrimonio, el cual une a un hombre y una mujer de manera maravillosa en una unión amorosa, que tiene un compromiso permanente y está abierta a la valiosa nueva vida bajo la bendición de Dios.
 
La Iglesia Católica sostendrá siempre que el matrimonio es una vocación de un hombre y una mujer a entregarse mutuamente con fidelidad, a través de votos sagrados, a una vida compartida hasta la muerte, la cual los compromete a complementarse en su desarrollo como esposo y esposa y a ser co-creadores con Dios, mediante la procreación de la vida humana.
 
Esta decisión de la Corte Suprema es principalmente una declaración de los derechos civiles, y no una nueva definición del matrimonio según la doctrina de la Iglesia.
 
Sin embargo, este juicio no exime a aquellos que bien sea aprueben o desaprueben esta decisión, de las obligaciones de civismo entre unos y otros. Tampoco es licencia para un lenguaje viperino o un comportamiento vil contra aquellos quienes tienen una opinión diferente a la nuestra.
 
Esta acción de la Corte es una decisión que confiere un derecho civil a algunas personas que antes no ejercían. No soluciona el debate moral que la precedió y que seguramente continuará.
 
 El debate moral debe incluir también la manera de tratarmos mutuamente, especialmente a aquellos con quien estamos en desacuerdo. Todos somos Hijos de Dios, quien nos manda amarnos unos a otros. En muchos aspectos esa cuestión moral es por lo menos tan consecuente e importante como lo es la concesión de este derecho civil.
 
Esta decisión nos ha ofrecido a todos una oportunidad para continuar el importante y vital diálogo del encuentro humano, especialmente entre quienes sustentan opiniones diametralmente opuestas respecto a este resultado.
 
Esta decisión ha hecho mi ministerio como obispo más complejo ya que continúo sosteniendo las enseñanzas de mi iglesia en cuanto al Sacramento del Matrimonio, y la dignidad trascendente e igual de toda persona humana.
 

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